Pre-todo esto

 

Queríamos tener guagua. Eso como una idea recurrente a pesar de que a ratos yo ponía trabas. Era como un sí pero no todo el tiempo. Y luego profundamente sí. Aunque igual no. 

Hasta que una tarde me vino un lapso de convencimiento absoluto, y echada en el verano de ese departamento nuestro, lo planteé como algo por hacer ya.

Me dejé de cuidar ese mismo día, dos semanas después me embaracé, dos semanas después me hice dos test. Positivos.

 Nunca le conté a nadie cómo fue la historia de los test. Supongo que no quise dejar registro de que no fue como debería ser. Me sonaba un poco triste, descuadrado, tal vez demasiado gris. No, no demasiado gris. Más bien tan poco ajustado a ese deber ser rosado de la maternidad. Tan poco cuento.

Dos test positivos. Tremenda noticia. Rápida, rotunda, violenta. Un poco parecida a la sensación de cuando llegan los avisos de la gente que murió repentinamente. Algo que se rompe sin vuelta. La sensación de ir caminando porla Alameday de repente aparecer en Alemania. Miedo y ganas locas. Y un qué chucha hago aquí medio angustiante. Chucha todo.

13 de enero,  la misma  tarde luego del primer test salí  a tomar cervezas con un par de amigos. Terminé caminando sola por el centro, Bandera, Estado, Huérfanos. Me devolví temprano con el secreto al departamento. Le conté a mi novio. Lloré un rato que no sé cuánto fue, pero fue duro. Mi novio contento, medio sorprendido, contenido ante mi desmadre.

Ahora me pregunto si me gustaría que todo hubiese sido en el rosado correspondiente. Posiblemente sí. Siempre sonaría mejor, y por cierto sería una historia que esta cría estaría alegre de escuchar en lo sucesivo de su vida. Pero esas también son huevadas. Y que las cosas sean como deben ser nunca ha sido mi afán.

No vamos a deshacer lo hecho. Me costó un buen rato ocupar un espacio en esta maternidad. Un buen rato comenzar a contar sobre mi nuevo estado. Un buen rato sentirme realmente feliz, bancarme los miedos en la justa medida, estar aquí y darme cuenta que aquí quería yo estar.

Y no. El relato del principio de todo esto no suena a comercial de padres de revista. Lo que siguió tampoco. La vida en general no me resulta en el formato imaginado ¿A quién sí? No sé, no importa. Lo cierto es que igual, y con todo, este proceso ha sido la raja y muchas veces nos ha convertido en personas tremendamente felices, amables, tal vez incluso en mejores personas que las que solíamos ser. Y que eso quede por delante de las subidas y bajadas. Que nos hemos ilusionado tantísimo contigo. Y que queremos tanto que llegues.